Nocturno de La Habana: Cómo la mafia se hizo con Cuba y la acabo perdiendo en la revolución (Spanish Edition)

Nocturno de La Habana: Cómo la mafia se hizo con Cuba y la acabo perdiendo en la revolución (Spanish Edition)

T.J. English

Language: Spanish

Pages: 432

ISBN: 0307741737

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Para los líderes de los bajos fondos Meyer Lansky y Charles “Lucky” Luciano, Cuba era la mejor esperanza para el futuro del crimen organizado norteamericano en los años posteriores a la Prohibición. En la década de 1950, la mafia —con el gobierno de Fulgencio Batista en su bolsillo— era la dueña de los hoteles de lujo y los casinos más grandes de La Habana, empezando un boom turístico sin precedentes, con los entretenimientos más extravagantes, las estrellas más famosas, las mujeres más hermosas y juego en abundancia. Pero los sueños de los mafiosos chocaron con los de Fidel Castro, Che Guevara y otros que dirigieron una insurrección del pueblo contra el gobierno de Batista y sus socios extranjeros— una épica batalla cultural que es capturada en este libro en toda su atractiva, decadente y espantosa gloria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

dos hoteleros de Toronto con los que Lansky había negociado el contrato de dirección. La licencia del casino iba a nombre del subordinado de Lansky Eddie Levinson. El nombre de Lansky salía una sola vez en el papeleo y era como jefe de la cocina del hotel. El hotel y casino Riviera representaba una extensión del ego de Lansky, pero también se concibió como un escaparate para la Mafia de La Habana. De acuerdo con el plan que habían trazado Lansky y Luciano, algún día La Habana se parecería a

mostraba gran parte del establecimiento. Se montaron espectaculares números de baile en el vestíbulo y en torno a las piscinas, y el presentador del programa promocionó incesantemente el Riviera. Todo el programa fue un largo anuncio del hotel. En aquel tiempo, el Steve Allen Show era considerado el programa más en la onda entre los numerosos espacios de variedades de la televisión norteamericana. Salían en él músicos de jazz y cómicos de vanguardia que programas más serios como, por ejemplo,

sorpresa; su jefe no solía expresar opiniones sobre la política cubana sin que nadie se las pidiera. Era obvio que estaba preocupado. Le dijo a Jaime que aunque conocía las inclinaciones políticas de los barbudos, no sabía qué iban a hacer sus líderes. Lo más importante era que no sabía con seguridad qué pensaban hacer con los casinos, si permitirían que continuasen abiertos o los cerrarían inmediatamente. A Jaime le llamó la atención que Lansky no hubiera perdido la calma pese a que no le

daba caladas a un habano de casi dieciocho centímetros, se acercó a la puerta, se apoyó en ella y me miró con ojos suspicaces. Los dos daban la impresión de haber leído demasiadas novelas de Raymond Chandler.» Batista vivía con el temor constante a una bala asesina. �Sí —dijo el ex presidente—, puede que los hombres de Castro me busquen incluso aquí. Pero si me pasara la vida pensando en eso, nunca tendría tranquilidad… Castro es un enfermo. �Cómo se dice? Está mal de la cabeza.» Durante los

administración. El mensaje público que había detrás de la amnistía otorgada por Batista era sencillo. Con la capital de la isla en pleno auge económico y la Mafia de La Habana consolidándose como fuerza entre bastidores en los asuntos cubanos, el presidente actuaba desde una posición de fuerza. Poderosas instituciones financieras, casinos, cabarets, hoteles y multitud de chanchullos secundarios iban aquiriendo forma. El dominio de Batista sobre el pueblo parecía más fuerte que nunca. �Por qué

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