La copa dorada

La copa dorada

Henry James

Language:

Pages: 522

ISBN: 154062840X

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Adam Verver, un rico viudo norteamericano retirado de los negocios, recorre Europa con su hija Maggie comprando y coleccionando antigüedades. Cuando Maggie conoce y se enamora de Americo, un príncipe romano rico en apostura y linaje, mas no en fortuna, su padre se lo «compra» como le ha comprado todo cuanto le ha gustado en la vida, al tiempo que él mismo adquiere, para sus segundas nupcias, una atractiva, y también pobre, muchacha norteamericana, Charlotte Stant. Charlotte es amiga de Maggie y es también amiga del Príncipe: su amistad con éste se remonta a un tiempo en que la pobreza parecía condenarlos a no unirse jamás. Ahora vuelven a encontrarse en el lujo y en la holgura, pero si las antiguas trabas han desaparecido es sólo gracias a aquellos con quienes se han casado...

Un espléndido juego de variaciones sobre las posibilidades de este singular ménage á quatre constituye y articula la que hubo de ser la última novela completa de Henry James, «un drama maravillosamente luminoso», en palabras de Gore Vidal, en el que el conocimiento es «tanto fascinación como temor». Pero La copa dorada (1904), por su nuevo rigor narrativo y su nueva representación de la conciencia del narrador y de los personajes, es además, como señala Alejandro Gándara en el prólogo de esta edición, «una llave: la llave con que la narrativa del siglo XIX abrió la puerta de nuestra y sensibilidad reciente, de nuestra cultura de la narración, de nuestras convenciones acerca de lo que es una novela».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

recuperar el equilibrio y asentar bien los pies en el suelo antes de mirar a su padre a los ojos. Midió en toda su extensión la diferencia que mediaba entre ir a Fawns porque cada uno de ellos sabía que los otros desea­ban ir, y emparejar a su padre y a su marido para que efectuaran un viaje, lo cual nadie sabía que alguien quisiera. �Más gente» en Fawns daría lugar al desarrollo de la clase de actividad a que su marido y su madrastra se dedicaban. En realidad, a su padre y a ella no les quedaba

tanto ridículas. Por ejemplo, aquella mañana Americo había estado tan ausente como de un tiempo a esta parte parecía desear se advirtiera que lo estaba. Se había ido a Londres para pasar allí el día y la noche, era una necesidad que ahora experimentaba a menudo, y que se había resignado a obedecer durante la estancia de invitados y la presencia de bellas mujeres, por las que Americo sentía vivo interés, según teoría públicamente cultivada. A la esposa de Americo jamás se le había ocurrido

recordaba la grave contestación que había dado a esta pregunta: –Quizá estuviera en una situación pecuniaria un tanto mejor. Pero su actual situación, en el aspecto mencionado, importaba tan poco a los Verver que el Príncipe había tenido oportunidades más que suficientes para percatarse de ello, hasta tal punto en su propia ventaja, que ahora no recordaba la contestación que la muchacha le había dado, aunque sí le constaba que había endulzado las aguas en que él flotaba, las había perfumado

cambiado la situación y debo pensar en el cambio. En tono benévolo, el señor Verver preguntó: –¿Y qué es lo que piensas? –Eso es, precisamente, lo que todavía no sé. Debo descubrirlo. Tenemos que pensar juntos, que es lo que siempre hemos hecho. Después de otro momento de silenciosa meditación, Maggie prosiguió: –Ahora me doy cuenta de que, por lo menos, hubiera debido ofrecerte una alternativa. Sí, hubiera debido encontrarla. –¿Una alternativa a qué? –A quedarte sin lo que has perdido sin

condiciones que, para la joven, coronaban brillantemente el momento. En realidad, la propia Charlotte iba también coronada, y todo se conjuntaba, todo se fundía, en la luz, en el color y en el sonido, en los incomparables diamantes que tan felizmente lucía su cabeza, en las restantes joyas, en otras perfecciones de aspecto y disposición que daban a su personal presencia el carácter de un triunfo; todo se conjuntaba y se fundía en la demostrada teoría privada, según la cual lo único que Charlotte

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